¿Estarán subvencionados los tanatorios? Y ¿por qué no subvencionamos a los relojeros?

El hortelano pertenece a una cofradía que se prohíbe a sí misma recibir subvenciones. Ni públicas ni privadas. Y no lo hacen por ostentación, sino por respeto, un respeto casi sagrado, a los dineros públicos en una tierra que se ha acostumbrado a que el gobierno nos ponga la mesa, y sobre la mesa el mantel, y a veces también los condumios. Cuando mi amigo Generoso llevó los estatutos a la ventanilla para que el funcionario -somos también la tierra con más funcionarios per cápita- le pusiera la póliza, el empleado se rascó el cogote y le dijo que nunca nadie fue allí con semejante cosa. Debió pensar que había gato encerrado. Y lo había, y sigue habiéndolo porque pocas cosas más revolucionarios en esta tierra que renegar de los dineros públicos. Muy pocos de mis vecinos saben quién pone los cuartos -si el Estado, la Junta, las Diputaciones, las mancomunidades, los ayuntamientos, y ¡qué decir de Europa!-, pero todos nos hemos acostumbrado en esta gran aldea que es Extremadura, dicho sea con permiso del señor McLuhan, a vivir de lo público. Menos en los entierros, en lo demás, todo lo demás, hay una porción de dinero público. Y dudo mucho que en los entierros no haya también unas décimas con cargo a los Presupuestos. No vaya a ser que los tanatorios, que han proliferado como setas en este otoño que ha enverdecido las dehesas, no cuenten también con esta nómina. ¡Qué negocio deben ser los tanatorios! Por cierto, ¿estarán subvencionados los tanatorios? Si lo estuvieran, ¡qué estupenda metáfora, la de los tanatorios subvencionados, para adornar la impertinencia del hortelano!

 Hablando del negocio de los muertos, me llega perfectamente documentada la noticia de que durante el último trimestre en mi aldea nació un niño, se enterraron ocho personas. ¡Menuda noticia para comenzar la semana…! Para conjurar lo del tanatorio el hortelano se va por la vereda de su parcela para tocar madera de “palosanto”, ahora que le he ayudado a despojarse de todos sus frutos. Hasta ese lujo nos podemos permitir los rústicos: hacer conjuro sobre madera sagrada.

 Una vez, al hortelano lo montaron en un bus repleto de gentes provectas, y en el corrillo de atrás, donde en los viajes se sientan siempre los más gamberros, a aquellos señores muy sabios e importantes les dio por contar los excesos subvencionadores que ellos habían presenciado, y allí apareció una especie de monipodio de fastos y festejos a cuenta de los dineros públicos. En mi universidad, dijo uno, se ha creado un erasmus para los bedeles; en mi Comunidad se subvencionó el trabajo de las empleadas del hogar; en la mía se creó un colegio de escritores becados; en esta otra se impartió un curso se sexadores de pollos, etc., etc. Más tarde nos dimos cuenta que, entre aquellos señores tan locuaces, estaba un asesor parlamentario de la señora Merkel. El hortelano se mantuvo en silencio porque no quiso descubrir ante aquellos señores el repertorio de excesos que cometen mis vecinos. Y es que en mi tierra las verbenas se celebraban con dinero público , y las capeas, y los teatros, y se construyen pistas de tenis que muy pronto criaron matojos, y ustedes pueden ver paseos en las carreteras de muchos pueblos con luminarias esplendorosas, bancos de hierro fundido y papeleras por donde no pasa nadie, y pistas de tartán – ¿para qué sirven las pistas de tartán en la Perala?- y pistas de pádel con graderío para lucir cemento, de modo que la pobre gente terminó creyendo que por las noches unos gnomos fabricaban billetes en los sótanos de las residencias oficiales. ¡Qué más da, si lo paga el Estado!…

Amigo hortelano, estás haciendo caricatura de lo que ha sucedido en esta y en otras tierras. Gracias a lo que llamas dineros públicos, tu aldea probablemente se mantenga abierta. De lo contrario, tú no oirías la campanas que tanta ilusión te hace escucharlas, ni tendrías a mano quien te solucionara los problemas, ni médicos que te dieran seguridad de que, cuando los precises, estarán a no más de treinta minutos por carreteras asfaltadas.

Hace años, el hortelano mantuvo con un preboste de su tierra una polémica de resultas de la cual, aquella personal principal le retiró el saludo. Se trataba de dilucidar qué era más digno para mis paisanos: si un empleo comunitario en su pueblo o que, convertido en emigrante, se empleara en la empresa municipal de transportes de Madrid. Eran los tiempos del PER y aquella autoridad era un partidario acérrimo del empleo comunitario. Han pasado los años, y lo del desempleo se ha agravado. A veces, aquí en el chabuco de la huerta, cuando termino de recoger las acelgas y las espinacas de cada día, y me pongo a leer los papeles, me asombro y me desespero con la desmesura de las noticias que denotan los excesos y la frivolidad con las que en esta tierra se abusa de los dineros públicos. La inmensa mayoría de las actividades que salen en los papeles, y la inmensa mayoría de los señores que hacen declaraciones, son gente que se abastece del erario público. Si alguien inventara una coloración para detectar los dineros públicos desmesurados, el papel se teñiría de rojo. Debe ocurrir con los excesos de lo público algo parecido a la razón por la que el hortelano está inactivo en su parcela dedicado a enhebrar impertinencias. Tanto tiempo deseando la lluvia, tan feliz de ver los hormigones del otoño y la eclosión de los bulbos, que, ahora, después del temporal de las lluvias, la huerta es un lodazal y corremos el peligro de que se pudran las ajos y las cebollas antes de haber siquiera germinado. El exceso de lluvia está pudriendo las coles apenas repolladas y los malditos caracoles se han adueñado del bancal de las lechugas. Pero como no hay mal que por bien no venga, los caracoles acabarán en el puchero del hortelano, y tú y los demás cofrades nos daremos un festín cualquier mañana tan pronto escampe.

-¿Ves, Tulio, cómo los excesos, hasta de las lluvias, emponzoñan la huerta! Lo mismo ocurre con los dineros públicos: los excesos de lo público adormecen al pueblo, porque, en opinión de este hortelano, el abuso de los dineros públicos provoca pobreza. 

Insisto, y lo reitero, amigo impertinente: los dineros públicos son la razón de que  estos pueblos y nosotros, los extremeños, estemos a años luz de nuestros padres y de que en tu aldea no haya hambre ni miseria, y de que a la gente le sobre un duro para gastarlo en la taberna. Este es el estado del Bienestar que afortunadamente hemos conquistado después de tantos años de carencias ¿Tienes algo en contra?

 

-Sobre el estado de Bienestar, no, querido Tulio. Sobre cómo se administra, lo tengo todo en contra. ¿Qué es el estado del Bienestar? Yo te diré lo que pienso: el estado de Bienestar es y por este orden: sanidad pública, gratis; educación pública, gratis; servicios sociales básicos, gratis; infraestructuras, a cuenta del Estado. Y nada más. Punto y final y raya roja… Si sobra algo en los cofres del Estado, mejoremos la sanidad, la educación y los servicios sociales. Y si todavía sobrara algo, todo ello para incentivar el trabajo productivo. Pero se terminaron los festejos y la gimnasia de mantenimiento y el piélago de subvenciones,  y las fuentes luminosas y las pistas de pádel con graderío, y los premios y los cursos de formación que sirven más para sostener estructuras que para financiar la emigración de los jóvenes más capacitados . Convéncete, Tulio, el peor enemigo del estado del Bienestar es quien dice que lo defiende sin reparar en su financiación. El exceso de dinero público crea adicción, tiene la virtud de inocular el virus de la pasividad y del conformismo, es el mejor aliado de la pobreza y, sobre todo y muy particularmente contribuye a crear la cultura del fraude y del despilfarro. Eso sí, los dineros públicos crean  electores leales y fieles…

Y ¿qué propones a cambio? Si suprimes lo que llamas excesos, ¿imaginas las bolsas de pobreza y de desigualdad en que se convertirían nuestros pueblos? Tú no puedes remediar en un corto plazo siglos y siglos de desamparo. Con el dinero publico hemos pasado de una sociedad casi analfabeta a generaciones de jóvenes formados y con índices de formación comparables al resto de las Comunidades.

-Y ¿hasta cuándo, amigo Tulio, estaremos achacando a la historia y a los señores feudales, y a Franco y a los absentistas los males de nuestra tierra? Te contaré lo que vi y escuché no hace mucho en relación con los jóvenes extremeños. Estaban sentados alrededor de una mesa quince o veinte representantes de la sociedad extremeña. Al hortelano le dio por considerar cuáles de entre aquellas entidades se financiaban con dineros públicos y llegó a la conclusión de que todas/todas vivían de los presupuestos. Y, como se hablaba de jóvenes, el hortelano escuchó allí mismo un dato que a punto estuvo de noquearlo. De cada cien jóvenes extremeños, sesenta están en paro, con diferencia, el índice más alto de todas las Comunidades. ¿Alguien se ha preguntado en alguna ocasión qué relación existe entre el paro de los jóvenes y la profusión del dinero público? ¿Por qué las Comunidades Autónomas más subvencionadas son, al tiempo, las que registran mayor tasa de paro? ¿Hasta cuándo vamos a seguir invocando razones históricas para justificar el atraso? ¿No será, por el contrario, que algo venimos haciendo mal en esta tierra en la que, cuando los políticos tratan de solucionar este dilema, lo único que se les ocurre es incrementar la renta de inserción o el empleo social? Mira este papel, Tulio, que hoy se vende en todos los kioscos de España. Mira qué fotos más estupendas de la dehesa extremeña en plena campaña de montanera: encinares de Fregenal y alcornocales de Sierra de San Pedro. Mira cuánta belleza en este paisaje de los cerdos, señores de la dehesa. Sigue leyendo, Tulio. ¿Ves lo que dicen? Son los cerdos que dejarán puestos de trabajo y riqueza en Joselito de Guijuelo y en 5 Jotas de Huelva. Este es el problema, Tulio. Mi amigo que siembra hortalizas en su terraza me contó la alegría de, cuando niño, llegaban los salmantinos a su pueblo llenos de fajos de billetes para comprar los cerdos después de la montanera. Y cómo sus paisanos celebraban cada año la saca de los cerdos. Y mi amigo ahora recuerda con pena que ese día de fiesta de su niñez debiera ser el día de la gran tristeza, el día en que los cerdos dejarían trabajo y riqueza fuera. Y, claro, sus paisanos tuvieron que emigrar porque no les era rentable criar los cerdos para que en enormes “jaulas” viajaran a otros territorios. Este es el problema, Tulio. El problema que nunca solucionaremos con empleo social, que no es empleo y, me temo, que tampoco social.  

Lo de las campanas -el riesgo de que enmudezcan las campanas de mi aldea si desaparecen los dineros públicos- se le ha quedado grabado al hortelano porque la otra noche escuchó en la capital que estaba a punto de jubilarse el único relojero que atendía los arreglos de los relojes de las iglesias. Y esto sí que sería un drama si, de repente, el silencio se apoderase de las torres de las iglesias de los pueblos.

Definitivamente, Tulio, tienes razón. ¡Cualquier cosa menos que enmudezcan las campanas de los pueblos!

 

Razones por las que los extremeños guardan silencio, y algunos hasta sienten vergüenza, de sus paisanos los Conquistadores

 

Hace un tiempo, al hortelano se lo llevaron a una tierra distante y muy diferente a la de su parroquia. Tan diferente que un domingo le dio por hacer turismo religioso: ahora a misa de los católicos, ahora a los Adventista del Séptimo Día, y luego a la iglesia de los Puritanos en la colina de los arces dorados, y no pudo completar su periplo devoto con la sinagoga porque de pronto reparó que, los domingos, los judíos no rezan, y, si rezan, lo hacen en privado. No, Tulio, allí no había mezquitas, que, si las hubiera, lo mismo se despoja de los zapatos y le traducen los versos del Corán. El caso es que, otro día, al hortelano lo llevaron a tomar café con otras dos personas y fue allí donde sucedió lo que te cuento, sin que ello parezca presuntuoso. El hortelano le preguntó a una señora allí presente “y tú de dónde eres”. Y como le dijera que de Santiago de Chile, el hortelano volvió a preguntarle: ¿quién fue el fundador de Santiago y primer alcalde de tu pueblo? Y como no lo supiera, el hortelano le espetó lo siguiente: pues el fundador de tu pueblo era de mi aldea, en Extremadura, España. Se llamaba Juan Dávalos Jufré. Y cuando aquella dama se repuso de la sorpresa, repitió la misma pregunta y con la misma ceremonia a la siguiente comensal. Como ella le dijera que de La Paz (Bolivia), pero que desconocía quien fuera el fundador de su ciudad,  el que escribe va y le dice que el fundador era de mi aldea, Alonso de Mendoza. Fue un momento glorioso, como si su remotísima aldea hubiera parido al mundo entero. Tan sorprendidas quedaron aquellas dos mujeres, por cierto cultas y encantadoras, que si hubiera habido una más, seguro  que el hortelano habría repetido lo que el día antes hizo con el conductor del bus turístico del pueblo grande: ¿Eres de Cuba?No de Higüey, de República Dominicana.  ¡Amigo!, ahí te esperaba yo! O sea del pueblo de la Virgen de Altagracia. Y como el autobusero mostrara su extrañeza, el hortelano le endosó con toda la razón aquello “de mi pueblo!”, la patrona de mi pueblo; la llevaron mis paisanos hace más quinientos años.

 

Tranquilo, amigo Tulio, que no voy a darte la murga aldeana, que sabes bien que este hortelano no va por las calles como aquel mi amigo en un bar de la glorieta de Bilbao, que batió palmas y preguntó: “a ver quién es aquí extremeño”, y comenzaron a salir paisanos como los conejos, antaño, de las madrigueras. No, el asunto es más serio y es que cuando he dado de mano de sulfatar los naranjos de cochinilla -¡vaya peste, todos los naranjos del pueblo, infestados!- , ha cogido el papel del día y ha leído la crónica en la que se cuenta que los guatemaltecos han sepultado clandestinamente los restos de Pedro de Alvarado, el conquistador extremeño, acusado de genocida de los indios chichimecas. Lo mismo que ocurrió no hace mucho con Hernán Cortes y con Pizarro y con Orellana, Valdivia, Hernando de Soto, Paredes, etc., etc., toda una pléyade de descubridores/conquistadores, como nunca los hubiera en la historia de España. ¿Quiénes fueron y de que condición o calaña? ¿Gente sanguinaria? ¿Gente horrenda? ¿Gente depravada? ¿Exterminadores de pueblos y razas? Respondan las gentes con conocimiento e inteligencia: historiadores antropólogos, sociólogos. Absténgase de opinar, al menos en este tercio, los demagogos y gente indocumentada. Nuestros conquistadores ¿cometieron más salvajadas que los colonizadores de Nueva Inglaterra, que los holandeses del rio Hudson, que los franceses en la Martinica, que los belgas en el Congo, que los británicos, portugueses, holandeses en el capítulo más despreciable de la humanidad, los traficantes de esclavos, que los propios emigrantes americanos exterminando a los indios en el Oeste, y más modernamente los colonizadores de África? ¿Cortés fue más cruel que Alejandro Magno, más que Julio César? Suponiendo que toda Conquista y Colonización, vistas a siglos de distancia, tuvo rasgos de violencia y crueldad, ¿por qué ese ensañamiento con la memoria de los conquistadores extremeños?

Recordarás, Tulio, que últimamente se ha producido una cascada de anatemas sobre los conquistadores, hasta el punto de que nadie/nadie se ha atrevido, no digo a defenderlos, sino  a señalar la frivolidad de los improperios sectarios e ignorantes. ¡Callan los cátedros de escalafón, callan quienes cobran por mantener el prestigio de los extremeños! No un historiador, no un profesor universitario, no un gestor de los asuntos culturales, sino un catedrático de urología, extremeño, nacido en Salvaleón, hombre culto y cultivado, ha sido el único en reflexionar sobre el papel  de los conquistadores extremeños en el Nuevo Mundo. Se ha atrevido a diferenciar lo que fue la conquista y lo que fue el hecho colonizador, el valor histórico del mestizaje desde los albores de la Colonización en toda la gama de comportamientos, desde el más humano y familiar al religioso y cultural, y la ingente tarea de creación de hospitales también “para indios y naturales”. El hortelano recuerda haber leído el homenaje de su amigo del alma de Campanario narrando la aventura heroica y justiciera de los Doce Apóstoles salidos del convento Belvis de Monroy, y las tres decenas de franciscanos descalzos de mi aldea que hicieron caridad y socorro en una epopeya fantástica que muy pronto va a editar mi otro amigo el caminero, un salmantino reconvertido en extremeño  (¡otro que no es historiador, pero tanto o más documentado que si lo fuere!) Por cierto, ¿qué hacen los del departamento de Historia de América de la Universidad de Extremadura? Nada, amigo Tulio, nada y muy poco. Creó que no hace mucho murió el titular del departamento. Ha pasado el tiempo y no han cubierto la plaza. ¿Qué más da? Otro por cierto: ¿cuántas investigaciones ha alumbrado el citado departamento de Historia de América? Hagan la prueba: tecleen en la maquinaria: “Universidad de Extremadura, área de Historia de Iberoamérica”. Repóngase cuanto antes del disgusto.

Parece que los extremeños hemos seguido al pie de la letra la consigna de “descabalgar a los conquistadores” y a ver ahora cómo, dóciles y sumisos que somos, sabremos reivindicar la memoria de quienes inventaron el mestizaje, llevaron la civilización y la cultura, la medicina, la música, el arte, la arquitectura, a todo un Continente. Y debemos también examinar en su contexto los excesos y los desmanes cometidos por algunos  de nuestros conquistadores y descubridores. Los extremeños sentimos vergüenza y sonrojo histórico de aquellos que descubrieron un mundo nuevo. ¡Cómo si nos sobraran héroes y personajes en una tierra más bien necesitada de referencias importantes! Convéncete, Tulio, nuestros dirigentes no han superado el estigma franquista de aquello de “somos los hijos del gran Pizarro, los hijos somos de Hernán Cortes y en nuestro pecho noble y bizarro…” Con los Conquistadores, como con tantas otras cosas, o no llegamos o nos pasamos…

 

-Mira, amigo Tulio, cuando este hortelano se reencarne en una persona de principal, una de sus primeras decisiones será la elaboración de un Plan Estratégico de Rescate de la Memoria Histórica de los Descubridores Extremeños. El hortelano comenzaría por nombrar un comité de sabios y expertos en la historia de América. Y le pedirá que el Plan contenga estos tres capítulos: a) fomento del estudio de la historia de América en relación con los Descubridores extremeños; b) fomento de las artes y de la cultura relacionada con el Descubrimiento; y c) aprovechamiento social y turístico en relación con el Descubrimiento y conquista de América.

-¿Y quién te iba a pagar la fiesta, amigo hortelano?

-Me han dicho que con detraer un 3% (¡vaya, hombre, me ha salido el mismo porcentaje que los dedicados a la corrupción!) de los recursos extremeños aplicados a la cultura y al entretenimiento, tendría de sobra para hacer de América el gran argumento de la regeneración y de la autoestima de los extremeños.

 

El hortelano recuerda todavía la cara de sorpresa de aquellas dos señoras a las que descubrió un día, lejos, muy lejos de la huerta (en las proximidades de una calle con el nombre, precisamente, de Orchard Drive) el origen de dos ciudades, dos enormes metrópolis, fundadas por gentes de su aldea. Como lo puede hacer cualquier extremeño que cruce el océano, y se asombre de cuán grande es la huella extremeña en América. ¿Es posible que esa grandísima epopeya la realizaran gente sanguinaria y depravada, sobre la que sus paisanos actuales guardan un silencio ominoso?

 

 

Postdata. Recojo el guante, amigo Tulio, los libros sobre la opinión de viajeros y escritores en relación con Extremadura es más amplia de la que el hortelano consignó en su comentario anterior.  Junto a la Pecellín y a la de la Delegación de Cultura del año 1954, he de añadir la estupenda edición de la Editora Regional de Extremadura con el título de “Miradas sobre Extremadura”, con textos de Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Martín Garzo, Andrés Trapiello…, con dibujos de Pedro Gamonal y Salvador Retana. ¡Estupenda edición, probablemente ideada por Álvaro Valverde, amigo de este escribano y uno de los poetas importantes que ha producido esta tierra! Y añadiría, para completar el escaparate de opiniones foráneas sobre Extremadura, los dos volúmenes editados por la Diputación de Badajoz sobre los viajeros ingleses por Extremadura y sobre todo la edición pionera de María Dolores Maestre, “12 viajes por Extremadura de los viajeros ingleses”, publicado con dineros de ¡Caja Salamanca! Y lo que el hortelano no se explica es por qué se soslaya la visión tenebrosa que sobre Extremadura escribió Mariano José de Larra en 1835 y que está a disposición de cualquiera en la maquinaria. Larra, de origen extremeño. Su madre, nacida en Villanueva de la Serena, y su padre, médico militar en Cáceres. En cuanto el hortelano haga cosecha, lo mismo se pone a emborronar un cuaderno con este nombre: “Así nos ven y así nos vieron…”

Cuerpo a tierra: el Prior ataca de nuevo

¿Pues no me decías, Tulio, que el prior/guardián de Guadalupe no volvería a firmar en la revista mariana del  Monasterio? Aquí lo tienes de nuevo, repartiendo mandobles sin cuento. Recordarás que en la entrega anterior le tocó el turno de burla y escarnio a la gente de Ciudadanos. Hoy corren varilla, los de Podemos. Antes sufrieron los denuestos del fraile los socialistas y hasta los populares. A cada cual según su condición y el humor del clérigo. ¿Qué no conoces la revista? Es una revista religiosa llena de vírgenes y santos, de comentarios piadosos, de incursiones históricas al hilo de Guadalupe, fundada en 1916, y dirigida ahora por un fraile inmisericorde, que, de haber vivido siglos atrás, habría hecho maravillas inquisitoriales. ¡Una joya, amigo Tulio! Como te decía, los escritos del prior/guardián podrán estudiarse en la Facultad de Filología hispánica como ejemplo depurado del noble arte del insulto y del escarnio. ¡Ya me veo a los alumnos en la planicie del campus cacereño sacando brillo, por ejemplo, a estos vocablos que el padre prior escribe en este número de la revista de la orden franciscana: “bufa catalana”, “menina madrileña”, “chirigota gaditana”, “populismo miliciano” “golpistas gorilones”, “cretinos” “aviesa”. Así y más tilda a las alcaldesas de Barcelona, de Madrid, al munícipe de Cádiz y no contento con toda la fauna de Podemos, amplia sus invectivas a Alfonso XIII (“Alfonsito”) y a Azaña. ¡Jó, qué palo le arrea el fraile franciscano al obispo de Solsona! ¡Fíjate, Tulio, qué observador es el buen fraile que cuando le toca el turno del zarandeo a la concejala madrileña que irrumpió en la capilla de la Facultad, repara que iba sin sujetador. Creo recordar que en la entrega anterior algo malo decía también de los pechos de Rosa Díez. ¿Será fijación, la de este fraile con las tetas de las señoras?

Pues sí, Tulio, tienes razón. Dejemos en paz, mejor dicho en guerra, al Prior franciscano puesto que se lo toleran sus superiores y los obispos extremeños -me dice-, no se han enterado del portento que tienen en su jurisdicción. ¿No es su jurisdicción? ¿Es jurisdicción de Toledo? ¿Qué más da? Hace unos días este hortelano errante puso pie en otro monasterio por aquello de refugiarse de la lluvia junto a sus cofrades serranos. Íbamos a la cata de setas –boletus, níscalos-, y como llovía y nos sobraba tiempo, entramos en el monasterio y allí encontramos a un monje cultivado y dicharachero, y eso que había sido convento de cartujos. ¡Qué diferencia del benedictino con el franciscano! Aquel era, aparte de culto, misericordioso. Este nuestro… este nuestro ¡es un fraile trabucaire!

Tulio, hoy, el hortelano se ha desayunado con la lectura en el papel del día con una de las cosas mejor escritas que haya leído nunca referidas a Extremadura. La firma uno de los autores predilectos de quienes amamos el campo y los pueblos, Julio Llamazares. Un texto digno de Azorín, que es, para este escribano, quien mejor pintó con letras los paisajes. ¡Qué hermosura de descripción del otoño en los campos de Trujillo! Para mí que Llamazares ha debido de ser huésped de otro autor al que Extremadura le debe que mucha gente de las letras se haya interesado por nuestra tierra. Me refiero a Andrés Trapiello, leonés como Llamazares. Con este texto y con otros muchos de Trapiello, el hortelano se atrevería a montar una antología de prosa y paisaje en Extremadura, “la región más desconocida por los españoles y a la vez una de las más hermosas”. Te equivocas, Llamazares. Es la más hermosa. Ojalá la maquinaria no me juegue una mala pasada y seas capaz de leer, amigo Tulio, este texto que, repasado de nuevo, me ha hecho olvidar la fetidez de lo escrito por el Prior de Guadalupe http://elpais.com/elpais/2015/11/11/opinion/1447243348_911581.html

Si alguno de los que se entretienen con las impertinencias del hortelano quisiera ampliar lo que otros han escrito sobre la bellezas de esta tierra, el escribidor, por mor de ser viejo letraherido, le recomendaría un libro escrito durante la Dictadura, en el que medio centenar de escritores de aquella época hicieron un viaje literario por tierras extremeñas con la condición inexcusable de que cada uno escribiera sus impresiones. El libro se publicó en 1955 y en él firmaron gentes tan importantes como Ignacio Aldecoa, Pedro de Lorenzo, Gómez de la Serna, Fernández Figueroa, Gonzalez Ruano, García Pavón, etc. ¡Con la de cosas insulsas que se publican en Extremadura con dineros públicos, y tener estos textos en el olvido! Y tuvo que ser un editor extremeño benemérito y al que no se la he hecho justicia, José María Casado, el que pusiera en la calle con prologo de mi cofrade hortelano Manolo Pecellín, un volumen titulado “Extremadura vista por…”, con referencias de Miguel Hernandez, Casona, Ortega, Ferlosio, Cela, Neruda, Alberti, Brenan, Unamuno…El hortelano está dispuesto a dejar la podadera y el sachillo en el surco y llegar a Madrid mañana sin falta para ser testigo de la entrega del premio “Raíz de Oro 2015” a la persona que más ha colaborado a prestigiar las letras extremeñas. ¿Qué quién es? Muy sencillo: el que me enseñó hace cuarenta años a honrar a los escritores y a los pensadores extremeños. Nació en Monesterio y debe andar por los 72 años. Hay por otra parte un escritor húngaro, de apellido impronunciable (László Krasznahorkai), eterno candidato al Nobel, que se paseó por Extremadura hace unos ocho o diez años invitado por la Fundación Ortega Muñoz, también con la condición de que escribiera un relato sobre Extremadura. Es un libro inencontrable y el hortelano sudó tinta china hasta encontrarlo. Es el relato del último lobo de Extremadura antes de que se extinguieran. Hace unos meses el húngaro ha publicado en España una obra sobre los lugares mágicos que visitó a lo largo de su vida. Este modesto escribidor buscó la huella extremeña y apenas si ha encontrado un leve vestigio de su presencia en la sierra de San Pedro investigando la muerte del último lobo extremeño.

Si el hortelano tuviera pluma trataría de emular lo que escribieron los que antes ha citado sobre el paisaje extremeño y contaría la hermosura de lo que vio en su aldea en buena compañía. Fue una mañana tal cual la describe Llamazares, siguiendo las huellas de los molinos harineros del Morisco en tierras quebradas de jaras y lentiscos, arqueología  artesana para convertir en harinas el sudor cereal de mis abuelos. Junto a las pizarras que todavía guardan los vestigios de la  lucha del hombre para sobrevivir, aquí y allá, bancales para sostener la tierra de cultivo, una breve huerta, un puñado de olivos, tronconeras de lo que fueron perales o manzanos, vides, un chozo abrazado por el meandro del arroyo. Y sonaba el agua y atronaba el silencio de una mañana de otoño generoso.

En fin, Tulio, que, entre paisajes y buenas letras, atrás quedan otros sinsabores.

 

 

Donde el hortelano se reafirma en la ingratitud de los extremeños con Cataluña y los catalanes

El hortelano no podía imaginar que sus impertinencias en torno a Cataluña y los extremeños tuvieran tan largo recorrido en la maquinaria. Impertinencias de más calibre cree haberlas escrito en esta papelera, por ejemplo, cuando dijo que el problema principal de los extremeños era la merma de capital intelectual causado por la emigración. O cuando afirmó que el segundo problema era el de la baja condición de sus dirigentes. Pues, no. Ha bastado con escribir que los extremeños han tratado con injusticia a Cataluña y a los catalanes, y se armó la marimorena. Y no es que me arrepienta, amigo Tulio, cuando traigo de nuevo la burra al forrajal de Cataluña, que en algo se asemeja a un hierbazal  lo que está ocurriendo en la patria de Pla y de Espriu. Ni siquiera trato de puntualizar aquello que el hortelano opinó de Ibarra y de Monago como incendiarios del independentismo de los catalanes. Si acaso, lo que pretende con esta segunda entrega es ampliar su opinión con otras ideas. Claro que el hortelano se reafirma en la opinión de que Cataluña, en los años terribles del hambre extremeña, nos socorrió dando trabajo y salario a decenas de miles de extremeños. Fíjate, Tulio, que hasta el otro presidente extremeño cuando estaba en la oposición –eso sí después de haber gobernado- dijo una de las cosas más estrambóticas que se pueden imaginar referida a Cataluña y los extremeños. Aquello de que “si Cataluña se independiza, devuelva a las 150.000 personas que nos fueron sustraídas, más sus hijos y sus nietos…” El presidente extremeño argumenta que tuvieron que emigrar porque Extremadura “no les podía dar de comer” y “alguien” decidió que emigraran precisamente a Cataluña. ¡Glorioso, Tulio, glorioso! Como ves, también Fernández Vara ha colaborado a engrosar la antología del disparate respecto a Cataluña aunque el palmarés lo ostenten sin duda  Ibarra y Monago hasta el punto de que se constituyeron en los principales proveedores de la munición españolista frente a Cataluña, aunque la verdad, en el desastre de Cataluña, es difícil distribuir honores, comenzando por Aznar, y continuando por Zapatero y por Rajoy que ha despertado del sueño eterno  hace apenas media hora.

-No pretenderás comparar, amigo hortelano, los errores de “esta parte”, si es que los hubo, con los desastres  y la deslealtad de los “otros”. Situar en la misma balanza, como dices, a  Aznar y a Zapatero, incluso a Ibarra y a Monago, con Mas y Pujol, esa sí que es una injusticia, amigo hortelano.

-No los sitúo, Tulio, y bien lo sabes. Yo me ocupo de los “míos” porque para condenar a los “otros” se me queda corto el diccionario. Conoces mi tesis: la aceleración del proceso independentista llevada a cabo por Jordi Pujol y Artur Mas se debe a su convencimiento de que al fin se iba a poner coto a su larga trayectoria de corrupción. Y te digo más: las fechorías de Puyol y de Mas se conocían en La Moncloa desde siempre. Cuando Puyol llegó a la conclusión que esta vez iba en serio la investigación, y que no iba a suceder lo que le ocurrió con Banca Catalana, pisó a fondo el acelerador para llevarse por delante a todos y cuando digo a todos, no descartes, que, si fracasa el proceso de independencia y terminan sentándose en el banquillo uno y otro, Puyol se encargará de filtrar a la prensa internacional las obras completas de la corrupción en España. Al tiempo, Tulio, al tiempo.

-Pero lo que de verdad nos debiera inquietar no es el destino final de Mas y Pujol, sino encontrar la razón de por qué una masa tan importante de ciudadanos catalanes han seguido la estela soberanista de Artur Mas. ¿Cómo es posible que un partido de gobierno y de equilibrio como era CIU se haya entregado a la locura separatista de sus dirigentes? Mejor dicho ¿qué ha ocurrido para que casi dos millones de catalanes hayan comprado el “boleto” separatista? Y es aquí donde, amigo Tulio, recupero mi interpretación y mi crítica a cómo Extremadura, sus principales dirigentes, se convirtieron en proveedores del más torpe anti catalanismo. Pregunta en Madrid o en Valencia, y con mucha mayor razón en Cataluña, quiénes se han significado más en la gresca anti catalana. Ya verás cómo salen entre los principales los presidentes extremeños. ¡Los que echaron más dialéctica testicular a la candela!

-¡Hombre!, lo hicieron en defensa de las cuentas de su tierra, para  evitar que Cataluña se llevara por delante la política de solidaridad presupuestaria. Acuérdate de lo que sucedió con la polémica sobre las Balanzas Fiscales…

-No me vale el argumento, amigo Tulio. En aquellos tiempos, cuando el maná de los Fondos Comunitarios caía cada noche sobre Extremadura, no estaban en peligro las cuentas de nuestra tierra. Me temo que las bravatas anti catalanas formaban parte de la estrategia de inventarse enemigos o excusas para justificar el fracaso de las políticas de desarrollo en Extremadura

-Mira, te voy a dar un argumento personal que contradice tu opinión. Estás censurando con dureza a Rodriguez Ibarra y recordarás que su problema grave de salud, que le obligó a abandonar la política activa, estuvo en parte provocado por una discusión que esa misma noche sostuvo sobre el problema de Cataluña con su colega socialista Pascual Maragall. Además, las actitudes de Ibarra y de Monago tuvieron y tienen un muy amplio seguimiento en Extremadura.

-Precisamente de eso me quejo, Tulio, de la aceptación que entre los extremeños han tenido los excesos dialécticos de sus presidentes, y de ahí la injusticia que hemos cometido con el territorio de acogida de decenas de miles de nuestros paisanos. Ibarra y Monago han creado un estereotipo (Cataluña contra Extremadura), y los extremeños, de proverbial docilidad con sus dirigentes, los siguieron. Acepto la corrección en cuanto a la seriedad con la que el presidente Ibarra consideró siempre el tema catalán, pero ese accidente personal no invalida mi teoría sobre su incapacidad para entender la historia de los sentimientos nacionalistas, y a las pruebas actuales me remito.  He vuelto a releer en las memorias de Rodriguez Ibarra el pasaje de aquella discusión, que a punto estuvo de costarle la vida, y me reafirmo en su dificultad para reconocer la importancia de la historia y de la cultura como elementos que conforman la sensibilidad de los pueblos. La Constitución y la Transición dejaron sin resolver el problema territorial de España. Ganaron los  del “café para todos”, los “igualitaristas” y ahora estamos pagando aquel error. Más interesante me parece otro pasaje de las relaciones de Pujol con nuestra tierra y que ya nadie recuerda, y fue su viaje a Extremadura en 2001 para inaugurar aquella exposición “Cataluña, tierra de acogida”. La visita a Extremadura, un gesto notable y valiente en aquellos momentos, sufrió avatares que a punto estuvieron de hacerla fracasar precisamente por la postura de Ibarra contraria al traspaso del tramo del 15 % del IRPF a las Comunidades Autónomas. En aquel momento, Pujol todavía abanderaba la imagen del político moderado que facilitaba la gobernabilidad de España. La visita no mejoró, por la desconfianza de uno y otro, las relaciones entre ambas Comunidades. ¡Qué raro que en sus memorias Ibarra ni siquiera mencione esta visita en tanto que se entretiene en otras menudencias! Ni me olvido tampoco del viaje de Pujol en sus tiempos mozos por tierras extremeñas a bordo de una moto para conocer los territorios que estaban llenando Cataluña de emigrantes. Son cosas del pasado, pero ayudan a explicar el presente y probablemente a preparar el futuro.

-De todos modos, no tienes en cuenta el factor más importante de lo que llamas “comprar el boleto separatista”. Te equivocas si piensas que esa masa ingente de independentistas catalanes se mueva por una ideología nacionalista. Más bien actúan por un supuesto agravio que se resume bien en el slogan de “España nos roba”. No hemos sabido rebatir la falsedad de que España, Andalucía y Extremadura muy particularmente, “parasitan” los recursos de Cataluña. Añade además el rechazo de la mayoría de los catalanes al comportamiento político de los dos últimos Gobiernos de España, y singularmente, al Partido que nos gobierna, y tendrás el mapa completo de las razones del desastre político que padecemos. Para muchos catalanes España es la Moncloa, y así nos va.

En esto estaba el hortelano cuando le llegó la opinión de uno de sus amigos recordándole un hecho histórico sucedido en Extremadura en relación con la identidad de los catalanes. Hace más de 500 años, en Guadalupe, el día 21 de abril de 1486, el rey Católico firmó uno de los documentos más importantes de la historia de Cataluña, la Sentencia Arbitral que ponía fin a uno de los conflictos más enconados de su pasado y sentaba las bases de una reforma social a favor de los payeses sometidos al poder feudal.  A medida que el hortelano ha ido leyendo el texto que le envía el amigo guadalupano ha reparado de nuevo en la necesidad de utilizar la “razón sentimental” para restablecer los vínculos culturales e históricos si queremos salir del estado de emergencia que vive España, según se atrevió a confesar el ministro García Margallo, el único miembro del gobierno que parece tener voz propia. Por cierto, Tulio, ¿conocías el origen extremeño de García Margallo? Su bisabuelo era de Montánchez, el general Margallo, protagonista de uno de los más graves incidentes de las guerras coloniales en Marruecos. Pero no hay que rebuscar en los manuales de Historia la relación de Cataluña y Extremadura. La mayor vinculación la tenemos ante nuestras propias narices y en tiempo presente: 180.000 catalanes, según los censos, muchos más en la realidad, nacieron en Extremadura y allí prosperaron y se reprodujeron y no creo que se sintieran muy felices cuando los presidentes de su tierra de origen protagonizaban las “guerras dialécticas” con Cataluña.

¿Qué podemos hacer desde Extremadura para recuperar la relación de España y Cataluña? ¿Es tarde ya? ¿Quién lo sabe? Desde luego nunca es tarde para hacer justicia y manifestar el agradecimiento de los extremeños a Cataluña en el momento en que decenas de miles de extremeños – ¿150.00, 200.000, 300.000?- viven perplejos y desamparados el drama de la ruptura de Cataluña.