El hortelano enreda en la historia económica de Extremadura tan pronto como ha guardado la pandereta

Pasado el tiempo de los mazapanes, el escribidor está tentado a sugerir que, al comienzo de cada año, se obligara al presidente de los extremeños, sea cual sea su credo político, a escribir cien veces en su blog o en su diario la cifra de la renta per cápita extremeña, es decir el guarismo que representa el índice de convergencia de Extremadura respecto al resto de España. Es el dato más importante, la marca que nos indica cómo nos ha ido cada año. Debería ser el santo y seña de la actualidad extremeña. No para mortificarlo porque hay años que ese guarismo es positivo, sino para que no olvidara que su única misión en la vida pública es mejorar el bienestar de sus paisanos, y que el único medio para medir la eficacia de su gestión es esa cifra que el Instituto Nacional de Estadística divulga cada año en vísperas del sorteo de la Navidad.

El hortelano, tan pronto encendió esta mañana los leños en la chimenea y después de recoger en su parcela un puñado de espinacas para la ensalada – sí espinacas, tiernas, regadas con el rocío de la noche navideña- se marchó a la plaza porticada en una mañana neblinosa para comprar los papeles de cada día. Pero como no viera lo que esperaba, se fue a la maquinaria. Fue allí donde encontró el dato que marca el éxito o el fracaso de los extremeños y así conoció, a ciencia cierta, que el año anterior, 2014, la renta per cápita de Extremadura era un treinta por ciento más baja que la media nacional. La convergencia en renta con la media de España ha permanecido invariable respecto a 2013, un 69,3 %. Significa lo que significa: que estamos casi un tercio por debajo del desarrollo de la media nacional. Cada décima de subida en la convergencia supone una mayor tasa de empleo y una oportunidad de conseguir un modelo de Comunidad sostenible en el tiempo. Por el contrario, el estancamiento en el índice de convergencia representa paro, emigración y dependencia de los recursos ajenos. Punto y final.

Puestos a sugerir impertinencias, podríamos incluso proponer que, como regalo final de Legislatura, le regaláramos a cada presidente una placa con el resultado estadístico de su mandato, el baremo que mide su éxito o su fracaso. Sabríamos por ejemplo que Rodríguez Ibarra cogió la renta per cápita de Extremadura en 1983 en un 62 % de la media nacional y la dejó, cuando abandonó la presidencia de la Junta en el año 2007, en el 67,4 %. Poco más de cinco décimas de diferencial en 24 años de gobierno. ¿Mucho o poco? Depende. Júzgalo tú mismo, amigo Tulio. Sabríamos también que en su primera legislatura Fernández Vara logró reducir la distancia con el resto de España en sólo dos puntos (67,4 % y 69,5 %) ¿Qué sucedió con Monago en los años de su mandato? Se agrandó, a falta de conocerse el último tramo de 2015, el diferencial en dos centésimas (69,5 frente al 69,3 %). Claro que han sido años de crisis, pero crisis para todos, para los extremeños y los catalanes y los murcianos, pero Extremadura vio truncada su lenta carrera de convergencia.  Este es -insiste el hortelano con ínfulas de escribidor- el único y verdadero rasero. No para lucir palmito ni para lamerse las heridas, pero sí para tener conciencia de dónde estamos y hacia dónde caminamos.

Amigo Tulio, ayúdame ahora a hacer algunas observaciones. Por ejemplo, éstas:

  1. Que el índice del INE no es el único parámetro para medir la riqueza o pobreza o de los pueblos puesto que no tiene en cuenta cómo se reparte el PIB. Aquello de que tocamos a medio pollo por cabeza. Lo que ocurre es que algunos se comen pechuga y muslo y otros en cambio solo chupan el espinazo. Pero es el barómetro más fiable para calcular la bonanza o la pobreza de los pueblos.
  2. Que el desarrollo y el crecimiento no dependen exclusivamente o principalmente de la tarea de quien gobierna y, en consecuencia, que los índices de convergencia no son tanto mérito ni culpa de los políticos como de toda la sociedad. Pero los gobernantes, y mucho más en territorios no desarrollados, tienen la llave para crear y mantener el tejido productivo, y, a veces, hasta lo destruyen. (Ya te diría yo, Tulio, qué responsabilidad han tenido los gobernantes en las crisis de Acorex, Caval, Caja Rural de Extremadura…)
  3. Que, estemos donde estemos en la lista de convergencia, los extremeños gozan de mejor calidad de vida que en otros muchos territorios. Cierto, pero siempre que aceptemos que para mantener esa calidad de vida necesitamos de la solidaridad del resto de las Comunidades. Lo dijo y reconoció Fernandez Vara en ocasión tan solemne como fue su toma de posesión cuando pidió ayuda a Madrid para reducir la tasa de paro  “porque nosotros solos -dijo-  no podemos”.

Pero te necesito sobre todo, Tulio, para intentar predecir el futuro económico y social de nuestra tierra, tú que entiendes de números, que al escribidor solo le enseñaron algo de artes literarias y nada o muy poco de ciencias . Por ejemplo:

  1. ¿Cuánto tiempo habrá de transcurrir para que los extremeños seamos iguales que el resto de los españoles, no en derechos, que lo somos, no en obligaciones, que igualmente las tenemos, sino en disponibilidad media de renta? Te necesito para saber cuándo tus hijos o mis nietos podrán libremente elegir si continúan o no de mayores en Extremadura, o, por el contrario, se verán obligados a emigrar como lo hicimos la gente de mi generación y lo sigue haciendo, ahora mismo, todo aquel joven que quiera tener autonomía e independencia.
  2. Sírvete para hacer el cálculo de estos datos oficiales: el diferencial de renta de Extremadura respecto al resto de España era en 1950 del 55,69 %, que es tanto como decir que, cuando el hortelano cursaba la primaria, su región tenía la mitad de los recursos que la media de España. Diez años más tarde, habíamos retrocedido al 54,04. El año que murió Franco estábamos en el 56,26 %. Cuando estaba a punto de expirar la primera Legislatura de Felipe González habíamos avanzado hasta casi el 64 %, y en torno a este porcentaje hemos permanecido año tras año hasta 2010 que alcanzamos el 70,6 por ciento. Ese ha sido -gobernaba en Extremadura Fernández Vara y en España, Rodríguez Zapatero- el año más “convergente. A partir de esa fecha y de esa cifra, hemos vuelto a las andadas, nos hemos alejado de la convergencia.
  3. Sírvete también de este otro dato igual de esclarecedor: en el periodo de 1950 a 2003, el diferencial de renta per cápita entre Extremadura y España se ha reducido en algo más de 9 puntos. En más de medio siglo solo hemos sido capaces de aproximarnos en diez puntos. Peor le ha ido a Andalucía que en ese mismo periodo solo consiguió aproximarse en 2,31 décimas y a Galicia en 5,56, aunque ambas están más próximas que nuestra tierra a la media nacional. Pero, repara en el éxito que han tenido, por ejemplo, las dos Castillas que han conseguido reducir la distancia en ese mismo periodo en un 14, 62 % Castilla la Mancha, y Castilla y León en un 18, 10 %. Y no olvides que Madrid, la Comunidad con más renta per cápita, está en un 137 % de la media nacional, a un 67% de distancia de nosotros los extremeños.

Y falta un dato principal, independientemente del que justifica este comentario de que seguimos siendo, atrás año, probablemente siglo tras siglos, los últimos de la clase. Me refiero al hecho de que para que Extremadura converja con el resto de los regiones, otras, digamos que el País Vasco, Cataluña, Madrid, deberán tener menor crecimiento que Extremadura ¿Te imaginas a los señores de Juntos por el sí proclamando que mientras la renta per cápita de Extremadura o de Andalucía se ha incrementado en tal o cual porcentaje, la propia se ha estancado o ha disminuido?

¡Cuán lento, amigo Tulio, discurre el proceso de convergencia de los extremeños! Ya sé que al extremeño de toda la vida le fastidia la literatura que escribe el hortelano impertinente y que abomina que alguien les ponga el espejo ante las narices. Lo hizo, hace más de doscientos años, aquel clérigo nacido en Jaraicejo y, todavía hoy, aquello de que somos los “indios de la nación” resuena en muchas conciencias. No hace falta que te recuerde que lo escribió Francisco Gregorio de Salas, personaje influyente en la Corte de Fernando VII, hombre sencillo y modesto, burlón, al que el hortelano le guarda aprecio desde antiguo aunque nada más fuera porque hizo el mejor retrato moral de los extremeños. Si lo que dijo el fraile en el siglo XVIII lo escribiera este hortelano, a buen seguro que tú mismo, Tulio, me retirarías la palabra. Pero sí me atrevo a decirte que aquel retrato tiene todavía el lustre como si lo acabara de pintar doscientos años más tarde. La estima de este hortelano por el fraile de Jaraicejo, paisano por cierto de otro extremeño pionero en Madrid de la cocina regional, el inolvidable Gaby del restaurante Extremadura, ahora cerrado, viene de lejos, de cuando leyó las primeras estrofas de un largo poema en verso preciosista, como de filigrana literaria, en el que dos campesinos, Salicio y Coridón, se dicen uno a otro los placeres sencillos de la vida campestre. Fue un libro de muchas ediciones, hoy día en perfecto desuso y que ojalá alguien lo rescatara del olvido.  El clérigo, académico y muy reputado en el Madrid literario, estaba herido de melancolía campesina y dicen que para paliar su desgarro rural se hizo construir una choza en Recoletos al borde de la cañada real para poder hablar con los pastores que bajaban la merina desde tierras de Soria y del Moncayo a los valles acogedores de la Extremadura feudal y lacaya.  Este fraile, Papa Francisco, debió ser un pionero de su proclama a los clérigos para que recuperen el olor a oveja. 

Recupero el hilo, amigo Tulio, sobre el presente y el futuro de los extremeños porque tiene guasa que el hortelano se haya pasado media vida meditando sobre lo que nos pasa a los extremeños y llegue un periodista japonés y nos haga el mejor análisis de situación que haya leído en los últimos tiempos. Al plumilla nipón le encomendó su diario de Tokio -doce millones de ejemplares diarios- seguir a pie de obra el ambiente español de cara a las elecciones generales del 20 de diciembre. Al periodista no se le ocurrió mejor excusa para reflejar el ambiente electoral que vivía España que trasladarse a un pueblo de la región que sufriera más paro de España. Debió teclear en la maquinaría y le pareció bien elegir Montijo, que tiene la nada envidiable cifra del  40,23 %  de paro. A la vista de la alegría y de la conformidad con la que los habitantes vivían en la localidad, el periodista llegó a la conclusión de que aquellos extremeños parecían felices y resignados. “No veo a la gente muy desesperada por el paro”, dijo y escribió. ¿Qué otra cosa esperabas, mi querido Keiichi Homma? ¿A qué tanta sorpresa si tú mismo te has atrevido a contar en tus crónicas el tinglado de fraude y de picaresca que han montado mis paisanos para trabajaban unos meses para cobrar el desempleo y, cuando el paro se termina, otra vez al empleo comunitario, y cuando el empleo comunitario o similar…?

¡Qué te voy a contar a ti, amigo Tulio, que no sepas de cómo el fraude y la picaresca campean libres por nuestras tierras!

El hortelano está en estos días preparando los semilleros para la siembra de las hortalizas del verano. Dentro de unos días, cuando sus paisanos guarden las panderetas, deberá abrir el arcón de sus tesoros hortelanos, donde guarda como si fuera joyas, las simientes de los tomates, los morunos, los negros de Crimea y los rosas de corazón de buey, y los pimientos, las ñoras y los cayenas, y las berenjenas para depositarlas en los criaderos. Los tomates del verano, los que sazonarán el gazpacho y el salmorejo de agosto, están ya en proceso de producción y apenas han llegado este año las heladas. ¡Cuán lenta es la naturaleza! ¡Casi tanto como el proceso de convergencia de los extremeños con el resto de los españoles! Cada diciembre, el INE nos recuerda, a quienes quieran leerlo, que pasan los años y las generaciones, y que décima arriba, décima abajo, Extremadura sigue anclada en el laxitud de la vida confortable en el fondo de los divergentes. Pero somos felices, como lo son mis paisanos que se aprestan a celebrar con entusiasmo San Antón y, días más tarde, San Blas y los Samblases, y a renglón seguido los carnavales, y luego la Semana Santa. ¡Querido colega nipón, vente a contar al mundo entero lo bien que se vive en una aldea que tiene el 43,21 % de paro!

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5 comentarios en “El hortelano enreda en la historia económica de Extremadura tan pronto como ha guardado la pandereta

  1. con el 43% de paro en Montijo, se puede dar una vuelta por las plazas del pueblo y da la impresión que no hay paro, durante el día no hay nadie vagabundeando, a la hora de las copas : 14 horas, bares bien nutridos, las tiendas no tienen problemas y los supermercados con pingues beneficios , preguntas por la sra antoniana o Pedro el de la parcela de tomates y te contestan que está en Badajoz en el Faro de compras.las estadisticas miente y las fuentes de informacion no controlan la “caja B”

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  2. Apropiada reflexión del Hortelano Impretinente, con lúcidas pinceladas del periodista nipón que visita Montijo en las pasadas elecciones generales, que me recuerda algo similar de mi amigo Dawei Ding, corresponsal del Diario del Pueblo en Madrid, o del Embajador de Israel en Madrid. Extremadura es rica, muy rica, y es una tremenda paradoja la realidad económica que tenemos, uno de cuyos indicadores más claros es la renta per cápita. Creo que se puede salir de esta situación histórica y lamentable de falta de actividad económica si se quitan frenos, sobre todo, mentales, y afloran capacidades emprendedoras, que existen en Extremadura, si bien, están aletargadas. Todos, públicos y privados deberíamos tener como prioridad el construir una sociedad emprendedora, de la cual saldría una economía emprendedora y próspera.

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    • Querido Ricardo, tu comentario añade y completa mi pequeña reflexión. Te llamo en estos días para que sigamos hblando de proyectos. Abrazos en este nuevo año, que te deseo lleno de felicidad.

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      • Bravo,Barriga,te leo y admiro tu pensamiento q comparto.!Cuanto desconocimiento de nuestro pueblo hay “repartido” por el mundo.!Aireemos lo q somos y lo que hemos sido y como nuestros ancestros llevaron a cabo aquella ingente obra cultural americana trasladando sus pueblos y sus gentes y fundando en America desde La Patagonia a Alaska,otra Extremadura.

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  3. Tomás Sánchez

    Remar todos los extremeños en la misma dirección y esfuerzo la forma mas eficaz de alcanzar la convergencia

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