LA HUERTA EN SAZÓN Y EL SAINETE DE TALAVERA

A la vista está que el hortelano se ha tomado unas largas vacaciones, y bien que lo lamenta. Entre otras cosas porque se ha perdido los mejores sucesos que ocurren cada año en su terruño. Por ejemplo: no ha presenciado el regreso de las grullas sobrevolando los cielos de su aldea, felices tal vez por regresar a aquellas otras tierras en las que de inmediato van a iniciar la ceremonia del apareamiento. Tampoco el hortelano ha podido ver cómo las hortalizas de verano tomaban cuerpo y prosperaban. Al regreso, el hortelano toma nota de que un año más se ha producido el suceso más maravilloso del mundo que habita: el de la huerta resucitada, esplendorosa, vestida de gala para recibir la plenitud de las estaciones. Y como el hortelano tiene fácil el verso, ha vuelto a pedir un azumbre de vino para sumergirse el don de la ebriedad y poder asimilar tanta belleza acumulada en un palmo de tierra, tanta perfección de las cosas pequeñas y nutritivas que cercan estos muros sobre los que se recuestan las parras, los rosales o el lilo todavía florecido junto al brocal del pozo. Vuelve a pedirle de prestado a Claudio Rodríguez aquel verso que tienes a mano en la repisa del chabuco:

¡Meted hoy en los ojos el aliento/del mundo, el resplandor del día!

Y una vez reconfortado, con los cinco sentidos repletos de la lujuria de su huerta, habrá que volver a la dura tarea de la impertinencia. No vaya a ser que entre versos y hortalizas termine por caer en melancolía, leyendo de nuevo las odas de Horacio y las agriculturas de Columela. Pues no; que es tiempo de cultivar la impertinencia, que para eso tienes el cesto repleto, y esta mañana  -¡si no lo vieras, no lo creyeras!-, te has sobresaltado leyendo el papel del día, viendo cómo las autoridades de tu región han cometido un error que les acompañará de por vida. Cuando en el futuro se haga antología de los disparates perpetrados por los políticos, este que estás leyendo merece perpetuarse en el recuerdo. Hagamos nómina de otros dislates: la campaña del “paleto”, la financiación de los ordenadores Dragón como si se tratara de una revolución tecnológica, la promoción de la película que dejó maltrecha la imagen de Extremadura, el fiasco de Hering, el cierre de la quesera Monteoro,  etc., etc.

¿Lo estás leyendo o lo has soñado? Pues no dicen los papeles en portada que todos los prebostes de nuestra tierra, estén o no en el gobierno, se han conjurado entre ellos para comparecer en la base aérea de Talavera y recibir al emir de Dubái que viene a su feudo de Táliga para tomar posesión de no se sabe qué. He aquí a Fernández Vara, a Monago y al alcalde y a la delegada del Gobierno, militares de altísima graduación,  todos, todos, no sé si al son de chirimías, a acaso faltaron los atambores, como también faltó el obispo o arzobispo, que si lo hubieran hecho habría sido cosa admirable. No me digan que la escena no se presta al escarnio, que si la cosa no fuera tan seria, este escribano estaría recordando a Bienvenido Míster Marshall o aquella escena de los Santos Inocentes en la que la servidumbre espera la llegada de los “amos” o alguien se atreva a recordar que tal vez los restos de Alonso de Monroy se revuelvan en su tumba viendo como los árabes vuelven a do solían y que si cunde el ejemplo, todavía los jeques del petróleo podrían rehabilitar las almenas de algunos castillos árabes en latifundios extremeños. Bien seguro que si el mismísimo Berlanga viviera le hubieran entrado ganas de hacer una nueva versión de Bienvenido Míster Marshall contemplando la escena del aterrizaje del Boeing 747 en el aeropuerto de Talavera repleto de jeques y cómo la comitiva del sultán era saludada por las autoridades locales y de inmediato emprendían viaje a Táliga a bordo de una flota de 20 vehículos Ranger Rover y Mercedes. Hasta el contraste entre el atuendo del jeque –vestido de hockey dominguero- y la formalidad de los gerifaltes extremeños serviría para ambientar los primeros planos del nuevo Bienvenido.

Ya sé que el asunto es más serio. Tan serio que es la confirmación de la ineptitud de todos nosotros  para producir riqueza y prosperidad. La presencia de Fernández Vara y de Monago, con la esperanza de que el jeque de Dubái emprendiera actividades empresariales en Extremadura, viene a ratificar la idea de que los extremeños por si solos, ni siquiera con los recursos de la Unión Europea, hemos sido capaces de industrializar la región. Y para demostrarlo, miren a nuestros jerarcas formados junto a la escalerilla del súper Boeing.  Miles y miles de hectáreas, cortijos y mansiones, mataderos de corderos, en manos de los jeques de Dubái, dueños y señores de las tierras que hace unas centurias pertenecieron a sus abuelos. Nada de racismos y menos de xenofobia, que si fuera el mismo Donald Trump, este hortelano escribiría idénticas impertinencias.

Hace unos días, por tierras de Gata, unas decenas de extremeños provectos reflexionaban sobre los problemas de nuestra tierra, sobre cómo pasan las décadas y los medios siglos, y esta tierra sigue y sigue en los lugares más bajo del progreso. Allí se apostaba por la capacidad del pueblo extremeño para doblar el pulso al atraso.  Y miren por dónde, días más tarde, los papeles presentan la escena de los jeques y sultanes en el camino de Táliga.

¿Cómo una persona con buen criterio y razonable, cómo lo es sin duda Fernández Vara, se ha prestado a protagonizar tan monumental disparate? ¿Se imaginan la escena en cualquier otra Comunidad Autónoma? Y todo ello por la remota posibilidad de que unos nuevos terratenientes autócratas de países nada recomendables vayan a invertir en un matadero, que nosotros mismos fuimos incapaces de rentabilizar.

Digo yo, amigo Tulio, que el gesto tan concertado de autoridades civiles y militares recibiendo bajo palio a un señor vestido de jarana es reflejo del complejo de inferioridad de los extremeños. Digo más: que evidencia el subconsciente de servilismo que aun alienta en nuestras conciencias. Y, además, es prueba de incompetencia para resolver nuestros propios problemas mientras tendemos la mano ahora al imán de Dubái, como antes lo hicimos a Madrid o a Bruselas. La escena del aeropuerto de Talaverilla es posible porque nos falta espíritu crítico para decir en voz alta lo que todos o casi todos estamos pensando.

Ya ves, Tulio, cómo este infeliz hortelano no ha sucumbido al síndrome de Stendhal cuando esta mañana se puso a leer el papel en el portalillo de la huerta. De pronto no supe si el vértigo que me acometía estaba determinado por la imposibilidad de digerir la acumulación de belleza que mi huerta exhalaba o era fruto del disgusto que me produjo el sainete del aeropuerto de la aldea en la que murió la hermana del emperador Carlos V.

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Un comentario en “LA HUERTA EN SAZÓN Y EL SAINETE DE TALAVERA

  1. Joaqun Martn Pint

    Tengo entendido que el individuo vestido de payaso que bajó del Boeing 747 tiene intención de hacer una de las mejores cuadras de caballos hispanoárabes del mundo y realizar carreras de largo recorrido,por caminos tortuosos, que ellos denominan raids invitando a las mayores fortunas del mundo.Supongo que Ana Botín estará contenta , al contrario que nuestro hortelano escudriñador de la actualidad de los últimos cinco siglos.

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