EL HORTELANO LLEGA A LA CONCLUSIÓN QUE LOS PROBLEMAS DE LOS EXTREMEÑOS SON DE LA INUCUMBENCIA DE LOS DIOSES

 

En mi aldea llamamos avisperinas a los chamaríes. Las nombramos en femenino, sean machos o hembras. El canto de los chamaríes  es el más cálido y sentimental de las aves de mí aldea. En otros pueblos de la comarca a las avisperinas las llaman verdecillos. Son, en definitiva, uno de esos pajarillos pequeños, humildes, las más de las veces innombrables, porque solo unos cuantos en mi aldea sabemos distinguirlos de los verderones, de los pardillos o de los trigueros. Sí, en cambio, de los jilgueros, que son la aristocracia de los pajarillos cantores en estos andurriales. A lo que vamos: el gorjeo de las avisperinas son para este hortelano impertinente el más amoroso de cuantos en primavera se asientan en la huerta. No tengo empacho, amigo Tulio, en reconocer que el canto de las avisperinas, sobre todo cuando se barrunta la primavera, me enternece. Como son tan insignificantes -apenas unos gramos de peso- anidan en cualquier parte, seguros de que los rústicos los hemos respetado desde siempre porque en nada sirven para engrosar los garbanzos. 

Este hortelano, lector impenitente e inexperto y, además, de flaca memoria, estaba decidido a escribir esta mañana sobre el balance económico y social de los extremeños durante 2016, y comenzó escribiendo que será por los idus de marzo, es decir dentro de nada, cuando conoceremos el dato más fehaciente, más sólido, irrefutable, de las cuentas de Extremadura. Sabido es que nosotros somos las avisperinas de la nación, los más modestos, los más humildes, pero tal vez los más conformes con nuestra propia naturaleza. Recuerda el hortelano que cuando se celebró no sé qué exposición de Zurbarán en el Museo del Prado, hará por lo menos 30 años, leyó en el catálogo una referencia de antaño dirigida al pintor de Fuente de Cantos afirmando que su pintura era modesta y austera “como corresponde a la naturaleza de su tierra”. Ya le gustaría al hortelano encontrar aquella cita para reproducirla textualmente y glosarla como merece. Como le agradaría al hortelano, ahora que escribe sobre pintores, conocer algo más de un pintor extremeño que firmaba en el siglo XVII con el nombre de “Labrador”. Se llamaba Juan Fernández y fue el pintor preferido por algunas Cortes europeas. Nadie mejor que él pintó un racimo de uvas, y quien no esté conforme que se asome al Museo del Prado. Labraba por lo visto sus campos  y, de cuando en vez, cogía los pinceles para retratar la cosecha de su huerta. Creo recordar también que cuando estaba en la Corte gustaba de bajar a la cañada que la cruzaba para poder conversar con los pastores y los gañanes. Me da la impresión que la presencia de los cuadros del Labrador en el Museo del Prado es el resultado de un escándalo de corrupción, si no todos, algunos de ellos. Pero el tema no viene al caso, y si alguien tiene curiosidad, que consulte en la maquinaría.

Amigo Tulio, no tomes al pie de la letra las referencias que escribo, que ya sabes que lo hago en el chabuco de la huerta sin más auxilio que la memoria, atento no más a escuchar el primer gorjeo de las avisperinas, sean machos o hembras. Por eso dudo si los idus de marzo se celebraban al comienzo del mes de Marte o ya entrada la primavera. En todo caso, los idus para los romanos eran días de buenos augurios, fechas en las que los dioses se apiadaban de los humanos y les enviaban regalos de prosperidad, a ellos y a sus ganados. En marzo era cuando las vacas y las ovejas quedaban preñadas y se preñaban de flores fructíferas los manzanos y las vides. Bien seguro que nuestros ancestros de Mérida implorarían el favor de los dioses sacrificando en marzo una oveja primala o un morueco merino. Ojalá el hortelano tuviera ahora a mano uno de sus libros preferidos, los “Fastos” de Ovidio, y así podría no solo fijar la fecha exacta de los “idus” sino cómo conjurar la ira de los dioses contra el bienestar de los extremeños. El hortelano no tiene duda a estas alturas de que el problema principal de los extremeños incumbe a los dioses. Y siendo así que es en marzo cuando el Instituto Nacional de Estadística hace publicas las cuentas regionales, sabremos si se confirman o no los peores augurios, aquellos que ya conocíamos en el pasado diciembre y adelantaban que Extremadura era la Comunidad con menor PIB y renta per cápita de toda España. Nada nuevo, para nuestra desgracia. Este es, como digo, el dato principal y yo diría que exclusivo para medir el presente y el futuro del bienestar de los extremeños. El segundo índice en importancia ha sido catastrófico. Me refiero a la EPA. Hasta ahora era Andalucía la Comunidad con más paro. En la última EPA, la principal, la que recoge los datos de todo el año, somos nosotros, los extremeños, los más parados. Renta per cápita, paro…

Estoy leyendo tu pensamiento, amigo Tulio. Estas tratando de objetar que a pesar de todo ello, Extremadura cuenta con los mejores índices de bienestar, que los mayores extremeños están entre quienes viven con mayor satisfacción, etc., etc. Claro que sí, amigo Tulio: ¿no ves lo feliz que soy debajo de la higuera, cosechando naranjas sanguinas, ajetes tiernos y espinacas? ¿No ves cómo estoy gozando atisbando el primer gorjeo de las avisperinas? Los cielos están limpios, la dehesa está totalmente enverdecida y, pronto, los arroyos se llenarán de ranúnculos, y una alfombra de magarzas festoneará las laderas, y los prados se llenarán de orquídeas silvestres, y las rapaces estarán requebrándose en los cantiles de Monfragüe. Soy tan feliz como Virgilio y Horacio lo fueron. Soy todo lo feliz que pueda ser un hombre en esta tierra. Si me duele aquí o allá, tengo el servicio médico a no más de 15 minutos. Cobro, al igual que la mayoría de mis paisanos, puntualmente la pensión. El día que se me trabuque la memoria o el entendimiento, tendré una plaza en la residencia junto a la gente de mi aldea. ¿De qué nos quejamos, amigo Tulio?

Verás, amigo Tulio: no logro quitarme de la cabeza el dato de la EPA 2016…He hablado en estos días con un joven profesional que trata de ganarse honradamente la vida en Extremadura. Lo he visto sinceramente descorazonado. Le he preguntado cuántos de sus compañeros de curso trabajan actualmente en Extremadura y si lo hacen en su especialidad. Le he preguntado si conoce alguna estadística sobre las ofertas de empleo para los titulados en los segundos ciclos de la enseñanza profesional…¿Te lo digo?

Al regreso de la huerta, durante los veinte minutos que dura la travesía por la A-66 , he adelantado a tres camiones enormes cargados de cerdos ibéricos…Siempre que los veo me acuerdo de la EPA y del PIB, también de una amiga. El hortelano tenía y tiene una amiga que cuando joven se desplazaba en coche descubierto. Una vez me dijo que por mi tierra no se podía viajar en descapotable porque siempre que se cruzaba con un camión se le colaban dentro los purines de los cerdos…

Al grano, Tulio, que ya ves que desvarío.

Imaginemos, Tulio, que la situación que lamentamos no fuera culpa de los políticos. Hacen lo posible y lo hacen con la mejor voluntad. El desarrollo, la prosperidad y la creación de empleo depende de tantos imponderables, de tantas variables y coyunturas nacionales e internacionales, que muy difícilmente los gobernantes extremeños  pueden crear riqueza. El desarrollo de Extremadura no depende de sus gobernantes. Bastante hacen con administrar unos presupuestos que les vienen dictados por el Estado. Extremadura por sí sola no puede revertir una situación de crisis o de subdesarrollo. Y tal vez por eso acaban de descubrir que el origen de los males de Extremadura es el ferrocarril. ¡Albricias!

Imaginemos, por el contrario, que aún reconociendo lo anterior, los gobernantes extremeños disponen de instrumentos importantes para producir un cambio de modelo económico en la Comunidad. El Estado le aporta importantes fondos de solidaridad y Europa, en los últimos veinte años, ha hecho un aporte extraordinario de recursos para favorecer el desarrollo. Si Extremadura, a pesar de ello, no adelanta en el proceso de convergencia con el resto de las Comunidades Autónomas, debiéramos pensar que la cosas se están haciendo mal o, lo que es peor, que el tratamiento que se aplica es incorrecto, y en lugar de corregir la enfermedad, la agrava.

Imaginemos que por mucho que nos empeñemos, la “cosa” extremeña no tiene solución ni a corto ni a medio plazo. Prosperaremos, más o menos, al compás que lo hagan las Comunidades vecinas. Dejemos de una vez por todas de preocuparnos de la EPA, del PIB y de PISA. Somos como somos y punto en paz: “más duros que los alcornoques y más que los jierros de las jerramientas” según los versos del poeta de Guareña.

Imaginemos que la responsabilidad del atraso y del paro la tuviéramos los extremeños en general y en particular. Los empresarios por ser poco o nada creativos; los profesionales por acomodarse a la situación de supervivencia; los sindicatos por sometimiento; los colectivos y asociaciones por pura endogamia política; los particulares porque bastante hacen con subsistir.

Cuando lleguen los idus de marzo, antes de que el INE nos vuelva a colocar el espejo ante las narices, este hortelano, que lo es de vocación y dedicación, ofrecerá las primicias de su huerta al dios de la prosperidad convencido como está que los problemas de Extremadura son de incumbencia de los dioses.

 

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DE SI SEMBRAR TOMATES AUTÓCTONOS NO SERÁ COLABORAR CON EL “INCONSCIENTE COLECTIVO” DE LOS EXTREMEÑOS

 

 

¿Quién le mandará a este puñetero hortelano ocuparse o preocuparse en estas fechas navideñas en saber si a su tierra, en el año recién terminado, le ha ido bien, mal o regular? Bien del todo no le ha podido ir porque no hace falta acudir a los papeles para conocer que los jóvenes extremeños, en general y en particular, no tienen fácil, y para muchos será imposible,  encontrar trabajo en su tierra en el año que comienza. Mal/mal tampoco nos ha ido porque, fíjate, amigo Tulio, que en los últimos doce meses hay 12.000 extremeños menos en paro. Y la cifra se exhibe en los periódicos, y hasta la oposición pasa de puntillas acudiendo a los tópicos habituales: que si el empleo es precario, que si el paro de los jóvenes, que si…¡Mira que debe ser difícil ser portavoz del gobierno o de la oposición! Dicen lo que le mandan decir en los “argumentarios”, que es una cosa que se inventaron los cuarteles generales de los partidos políticos para evitar que sus portavoces en las provincias dijeran gansadas…Porque, ¡vamos a ver!, ¿de quién es el mérito si hay menos parados? ¿Del Gobierno de Madrid o del de Mérida? ¿De quién la culpa de que sigamos siendo los más parados? ¿De Rajoy o de Fernández Vara? Y si no fuera culpa de ninguno de los dos, sino de nosotros los extremeños…

Como el hortelano no se fía de los portavoces, ni siquiera de los periódicos, ha buscado un hueco para leer con lupa los balances oficiales y tratar de descubrir cómo le ha ido a Extremadura en el año recientermiando. Y mira, Tulio, lo que he descubierto en relación con el problema principal de los extremeños, de los españoles y hasta de los habitantes de Pensilvania: el paro. Te había dicho que, en 2016, 12.000 extremeños menos sufrieron el paro. ¡Estupendo! Y me pregunto: siendo así que Extremadura, junto a Andalucía, son las dos comunidades autónomas con más paro y con menos renta, cómo nos ha ido respecto al resto de las regiones, porque en todos ellas ha disminuido, afortunadamente, el paro. Cabría esperar que en Extremadura y en Andalucía que parten de muy abajo en la carrera por crear empleo, el paro hubiera disminuido más que en el resto. ¡Pues, no! Extremadura ha sido la Comunidad Autónoma donde menos ha disminuid el desempleo en 2016 (un -6,81 %). ¿Lo has leído en alguna parte, amigo Tulio? ¿Se atrevió a decirlo el presidente extremeño en su mensaje de final de Año a todos los extremeños? Me dirás que no sea ingenuo; que qué cosas escribo…Repito: las tres provincias españolas en las que menos disminuyó el paro fueron, por este orden: Cáceres, Santa Cruz de Tenerife y Badajoz, estas dos ex aequo. Lo normal sería que durante 2016 Extremadura hubiera acortado el diferencial de paro que la aleja de las otras Comunidades. Pues, no. El diferencial ha empeorado. ¡Mal, muy mal, señor Rajoy! ¡Mal, muy mal, señor Fernandez Vara! ¡Mal, nosotros todos los extremeños, que todos somos responsables! No vamos en buena dirección…

Recuerda ahora el hortelano lo que ya escribió en estas emborronaduras a propósito del discurso del bisabuelo zafrense de don Antonio Machado, José Álvarez Guerra, en su toma de posesión, en 1822, -¡ya ha llovido, desde entonces, Tulio!- del cargo de “jefe político”  de Cáceres, una especie de gobernador civil para toda Extremadura, cuando se fijó como meta de su mandato que Extremadura igualara lo antes posible el nivel de riqueza de las otras regiones y “aún superarlas si fuera posible”.

Ya ves, Tulio, que el género de los ingenuos viene de lejos y con precedentes tan ilustres como la estirpe de los Machados; el género de los ingenuos y el de sarcásticos, porque escribir “nivel de riqueza” aplicado a los españoles y a extremeños de aquella época era algo más que una ironía.

A propósito de la pertenencia al género  de los impertinentes o de los ilusos, dispensa, Tulio, que te dé la vara recordando a otros ilustres miembros de esta Hermandad, porque uno admira a quienes a lo largo de la historia han aportado a la sociedad alguna invención que trascienda a sus vidas. Y mucho más si se trata de personajes extremeños. Está claro que el hortelano siente predilección por quienes crearon en su tierra bienestar, trabajo o pensamiento. Los hubo y los hay, que nadie lo dude. Lo que ocurre es que no son suficientes para recuperarnos del atraso de siglos por los siglos, amen. Y seguimos todavía en tiempo de  amenes, instalados en los síes, cuando tantas veces habría que haber dicho  no/no/y no… Pero ejercer de continuo el pensamiento crítico no es bueno para la salud; cuídate, amigo Tulio, de los excesos críticos, así sean bienintencionados, que luego pasa lo que pasa… Te recuerdo, Tulio, que en su otra vida, el hortelano frecuentaba las librerías de viejo. En cuanto se descuidaba, es decir entre tabarras y monsergas, se sorprendía arrastrando el tranco por la cuesta de Moyano o por la calle del Ateneo o sus aledaños. Como un aprendiz de Baroja, aunque sin  txapela. O como Azorín, con abrigo y paraguas. A Azorín el escribano lo vio metido en la caja de pino en su casa de la calle Zorrilla. Es tiempo pasado. Pero no olvido que una vez encontró por allí una edición de Platero, de las de la Residencia, garabateada por un combatiente en la batalla del Ebro mezclando líricas y pólvora. Y el hortelano, más joven entonces, se emocionó. Y sin embargo ahora mismo, cuando abandona la huerta, vuelve al pasado y mire usted por dónde se ha traído en el gabán un librejo de aquellos que alegraban los ojos a mi amigo de Cañaveral, que, uno a uno o a brazadas, logró reunir doce mil libros e impresos referidos a Extremadura. Él decía que los libros no los encuentras, te encuentran ellos a ti. Al hortelano esta mañana lo ha encontrado uno que dice tal cual así:

La generalidad de los pueblos de la provincia de Cáceres arrastran vida pobre y miserable, de lo cual es ya indicio su escasa densidad de población…He dicho que en ella malviven y mueren sus habitantes, porque en efecto la raza está allí depauperada…¿Y sabéis, señores, por qué está aquella raza tan empobrecida y tiene tan pocas resistencias orgánicas? Pues sencillamente porque no come, porque no gana para comer…, una gran parte de lo que da de sí la tierra trabajada por aquellas pobres gentes, sale de allí, viene principalmente a Madrid por obra y gracia del absentismo que es una azote…”

¿Te imaginas, Tulio, quién escribió -lo escribió en 1921- esta denuncia que en aquellos tiempos ni era prudente ni honorable? ¿Un componente de aquellas minorías que, en ese mismo año, fundaban en Madrid el Partido Comunista de España o de aquellos socialistas que ya estaban peleados? Ni siquiera era uno de aquellos primeros sindicalistas ferroviarios que sembraban acólitos en Mérida o Plasencia/Empalme. Era un católico ¿progresista? que se rebeló contra el contubernio de los terratenientes.

Por supuesto que son, Tulio, tiempos pasados, superados, olvidados. Como lo está el autor de aquellas líneas. Se llamaba León Leal Ramos, uno de los prohombres del Cáceres de la primera mitad del XX. En lo que el escribidor conoce de él -otro libro “viejo” de pequeñas semblanzas cacereñas y éste mismo de color no solo sepia sino de paja de barbecho- debió ser hombre valiente e impertinente en aquella Extremadura, entonces sí, de siervos y de señores.

Mira, Tulio, cómo se quejaba en 1915 del comportamiento de sus paisanos, los parientes próximos de quienes hoy también miran para otra parte cuando se les recuerda las enormes carencias de nuestra tierra:

“No me importa, por mí, que mis palabras caigan una vez más en el vacío. Aunque eso implicare un desaire o un desprecio para mí, yo hablaría porque quiero a mi pueblo y no quiero ser de esos muchos que en tertulias y cafés censuran indignados los desaciertos de los Alcaldes, Ayuntamientos, particulares, y comisiones, y no hacen más que esa labor negativa, de censura, , que a ellos por su pasividad, les cuadra mejor que a cuantos, si no aciertan, arriman al menos el hombro”

No sabía yo que el tal León Leal Ramos, con calle de importancia en la capital del hortelano, y con una muy importante labor social en los años tremendos de las vísperas de la Guerra Civil, ejerciera la virtud de la impertinencia con tanta maestría. Y vistas así las cosas, es por lo que este modesto cofrade piensa de nuevo qué lentos pasan los tiempos para la regeneración de los extremeños. No digo ya que fueran ingenuos Jose Álvarez Guerra en 1822 y León Leal Ramos en 1921, que soñaban con la idea de que Extremadura igualara “la riqueza” del resto de las regiones, sino que continúe siéndolo, casi dos siglos más tarde, un puñado de ilusos que seguimos preguntándonos que nos pasa a los extremeños para que, de las cincuenta y una provincias españolas, sean las dos extremeñas las que menos redujeron el paro en 2016.

Olvidaba dos cosas, amigo Tulio. La primera es decirte que los párrafos que he transcrito de León Leal corresponden a la conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, el día 17 de mayo de 1921. En el texto figura la denuncia de la situación bochornosa de los latifundios en unos diez términos municipales cacereños , con indicación del porcentaje que ocupaban respecto al que estaba en manos de los residentes. ¡Qué escándalo, Tulio! Porcentajes que fluctúan entre el 60 al 80 % de los términos en poder de terratenientes absentistas.

Lo segundo es todavía más importante: te digo que ya están en los semilleros de la huerta las simientes de los tomates de verano. ¡Qué despaciosamente progresa la naturaleza: sembrar en enero para cosechar un puñado de tomates en verano! Hemos plantado morunos, negros de Crimea y rosados de los que sembraban los campesinos de mi pueblo a lo largo de los años. Pero el hortelano tiene una duda respecto a estos últimos: si acaso sembrando los autóctonos no estará de alguna forma colaborando a mantener el inconsciente colectivo de los extremeños; es decir, si, sembrando tomates de los de toda la vida, no estará acaso favoreciendo los condicionantes biológicos del atraso de todos nosotros. Decía León Leal, un hombre culto y cultivado, que “la raza está allí depauperada” por el hambre. ¡Qué fuerte!, que dicen mis nietos adolescentes.